Noches de humo

Esta es una historia sobre cabos sueltos, traición, mentiras, violencia de Estado, sobre la ingenuidad de unos buenos que esperan demasiado de unos malos absolutamente perversos. Es una historia de la vida real que sucedió en un “país” llamado Colombia.

Razones para escribir

Mi voz es una de tantas y es todas a la vez. No soy tan solo un hombre, al fin y al cabo corren por mis venas los genes del primer hombre y de la primera mujer. No son mis ideas, son las ideas de la humanidad.

Irse a ver ballenas

Desde el 22 de noviembre y hasta el 6 de diciembre, puede verse de forma gratuita el documental “Expedición Tribugá”. Para acceder a él puede ir a esta página: www.expediciontribuga.com

Las pequeñas cosas

El Joker dice: «Verás, soy un hombre de gustos simples, disfruto la dinamita, la pólvora y la gasolina»; una de las tantas escenas hermosas que regaló al mundo Heath Ledger interpretando al villano más conocido dentro y fuera de Ciudad Gótica.

Saber estorbar

El primo de un amigo dice que las personas paridas en esta latitud tienen algo en común: son buenas para estorbar; el primo de mi amigo da en el clavo con una característica de las y los representantes de este lugar llamado Colombia. Sáquese el patrioterismo barato al que le acostumbraron y abra su mente a lo que voy a decirle a continuación.

Se buscan responsables

A finales del siglo XX, las corrientes psicológicas y sociológicas se centraron en hacernos creer que la culpa de todo lo que nos pasa es de alguien más. Los padres, los abuelos, los vecinos, las exparejas, los compañeritos del colegio o el profesor sarcasmo; como si existiera una conspiración mundial en nuestra contra.

La última puesta en escena

Es más común de lo que pueda pensarse. En el salón de clase, el profesor pregunta “¿Quién ha sentido el deseo de fingir su muerte y empezar de nuevo en otra parte?”. La clase, una mezcla de pubertos que no pasan de los 20 años, se convierte en un campo de brazos levantados, para sorpresa del profesor.

Después del receso

La gracia de aprender a trabajar está en aprender a descansar. Siempre se necesita un espacio, un alto en el camino, un “break”. Las pausas son importantes para pensar, tomar decisiones o, simplemente, para recostar la cabeza en la almohada y dedicarse a la enorme tarea de soñar.

El cine, el arte del engaño

Un hombre intenta ingresar a una organización, pero fracasa, sin embargo, inventa toda una narrativa acerca de sus logros en la organización. Luego hace un viaje de diez mil kilómetros a un nuevo continente donde nadie le conoce y es feliz contando su historia, hasta que…