Un acontecimiento

Todos los 16 de junio, la gente se pone trajes de principios del siglo XX y pasea por Dublín como un homenaje a James Joyce y su novela “Ulises”. Ese día se conoce como “Bloomsday”.

La novela

Salgamos primero de esto: sí hay algunos spoilers en todo lo que se dirá aquí, pero eso no “daña” la lectura del libro. Por el contrario, quienes nos hemos enfrentado a él sabemos que cualquier pequeña pista que se arroje, antes de embarcarse en su lectura, puede ser muy útil.

(2013, Universidad Nacional de Colombia) En un acto osado, mi profesor Alonso Aristizábal Escobar (q.e.p.d.) redujo el asunto de la novela a algo más o menos así: «Leopoldo Bloom sabe que su esposa Molly le va a ser infiel ese 16 de junio por la tarde y por eso no quiere volver a casa a enfrentarse con eso». Lo hizo como por pasar la página y seguir con el tema de la clase que era otro.

El profe Alonso sabía que el “asunto” de Joyce no es otro que edificar la vida humana a través de actos muy trabajados de artesanía literaria. ¡La vida humana! Con su amplia gama de matices, con aquello que podemos percibir por los sentidos como el olor y la textura del jabón de limón o el gusto de un vaso de cerveza o un riñón bien preparado, hasta el recuerdo de un hijo muerto, los deseos y las pasiones humanas que se desbordan detrás de nuestros ojos cuando vamos caminando por la acera.

El día señalado

Dicen que la novela transcurre el 16 de junio de 1904 porque fue el día en que James Joyce conoció a Nora Barnacle, su esposa. Dicen que transcurre en la que era Dublín aquel día porque el escritor estaba exiliado cuando la escribió e intentó revivir las calles, los lugares, los acabados de las paredes de el Dublín que llevaba en su memoria.

Desde mediados del siglo XX, después de que la novela lograra fama y aceptación en el mundo, comenzó la tradición dublinesa de seguir los pasos de Leopold Bloom todos los 16 de junio. Las personas se visten con trajes a la moda de 1904 y van a los lugares que se mencionan en el libro, leen pasajes, cantan… y se embriagan, porque es parte de la tradición. ¿Por qué no? Si la novela trata de la vida, en el Bloomsday se brinda por esa vida, la literatura y la memoria de Joyce.

Este año, por primera vez desde que se inició la tradición en Irlanda en 1954, la celebración del Bloomsday de 2020 será virtual. Otro de los grandes cambios que trajo consigo la pandemia de COVID-19.

Bloomsday 2020

Ahora bien, el 16 de junio de 1904, Leopold Bloom cargó todo el día con el peso de saber algo terrible y doloroso, que aunque no había sucedido aún, era imposible detener. Para ello hizo lo que cualquier persona cuerda haría ante el duelo: ocuparse.

Este hombre común y corriente en el que “hay algo de artista” decide ir al pub, tomar un baño, ir a un funeral de un conocido, a una conferencia aburrida, incluso ir al burdel para no pensar en medio de la música y el humo del opio… Su drama parece el núcleo de la creación y, sin embargo, la vida de los demás sigue también como la de Leopold, como fluye todo nos guste o no. A pesar de lo mucho que nuestra época insiste en hacernos creer que somos entes individuales y nos leuda el ego todo el tiempo, realmente no somos tan importantes.

Es otra de las cosas para agradecerle a Joyce, la bofetada que da a la ilusión de que en las historias hay buenos y malos, protagonistas y secundarios… Al escribir una novela sobre un día en la vida humana, Joyce también pone de manifiesto la madeja de contradicciones (el caos si se quiere) que es dicha vida humana en sí misma.

Nota final

Durante el Bloomsday, los amantes de Joyce y su obra conmemoran un acontecimiento doloroso en la vida de Leopold Bloom, la gente se disfraza y recorre Dublín en una especie de viacrucis que termina en la noche cuando este hombre vuelve a su casa.

Todo esto era el contexto necesario para decir algo que llama poderosamente mi atención: este Bloomsday tiene una singularidad, cortesía de la pandemia y el ayuntamiento de Dublín, nadie saldrá de su casa. Este 16 de junio, por primera vez desde 1904, Leopold Bloom no podrá salir a la calle a tratar de no pensar, tendrá que pasearse con ese nudo en la garganta todo el día como un animal enjaulado.

Me lo imagino, en su versión 2020, lavando más platos que de costumbre mientras suspira, tratando de convencer a Molly de que tengan relaciones, de besarla, de tocarla, pero ella, su esposa y madre de sus hijos, no lo desea (quizás nunca lo hizo). Y cuando llegue la tarde, Molly se dará una ducha larga mientras Leopold, tendido en la cama con la tristeza en las entrañas, se preguntará por qué Molly si se está bañando aparece “En línea” en el Whatsapp.

¡Feliz Bloomsday!

(Lean el libro, vale mucho la pena)

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