Se buscan responsables

A finales del siglo XX, las corrientes psicológicas y sociológicas se centraron en hacernos creer que la culpa de todo lo que nos pasa es de alguien más. Los padres, los abuelos, los vecinos, las exparejas, los compañeritos del colegio o el profesor sarcasmo; como si existiera una conspiración mundial en nuestra contra.

Nos enseñaron a buscar afuera cuando el 99% de las veces la respuesta está por dentro.

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Mi amigo va al baño y orina sangre. No debe ser nada, dice, debe ser algo que comí y me tiñó la orina. Insisto en que debería ver al médico, pero entre él y mis amigos hablan de mis miedos y paranoias, ríen conmigo y de mí. La fiesta sigue, la vida sigue. Dos meses más tarde nos reencontramos todos en la capilla del cementerio La Colina. Vestimos camisa negra o pantalón negro, gafas oscuras, sombrillas listas para protegernos del sol y el agua.

El 86% de las veces la sangre en la orina es la forma en la que el cuerpo te avisa de una infección renal, prostática, de vejiga, o de los cables que unen una y otra cosa. En ocasiones es un cálculo o directamente es cáncer. El 14% de las veces es remolacha, un nuevo aditivo en el agua del inodoro o un químico tan fuerte en la comida que logra enturbiar la orina (aunque eso ya es motivo de preocupación, claro).

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Las redes sociales están llenas de onanistas, pero sobre todo de onanistas mentales. Un repaso veloz por cualquiera de ellas mostrará cómo crecen las paranoias y las neurosis. Primero una persona sufre alguna decepción en el mundo real: le robaron en la esquina, no le dieron un premio o un trabajo, alguien le insultó o agredió, le dijeron que no. Luego esa persona ofendida descarga su odio en forma de mensaje, video, meme, etc.; no se trata de una estructura argumental elaborada, es una mera opinión, una absurda generalización o acaso un disparate que le ayude a sentirse “vengada”.

Y eso no termina allí.

El mensaje encuentra eco, respuesta, pseudoempatía, porque el mundo que los humanos hemos ido construyendo para nosotros está cargado de deseo y por eso mismo de frustración. Ahora la opinión visceral ha encontrado adeptos, un grupo de apoyo, zombies que saben moverse detrás de un “líder”, que buscaban que alguien se atreviera a tomar alguna de sus causas absurdas; siempre será más fácil culpar a los demás en grupo, de esa manera nunca habrá que hacer introspección.

Ahora sólo es copiar, pegar, repetir. Un bucle de pseudociencia, un sinfín de estupidez sobre cualquiera de los temas que sugiera la tendencia y, si el bus está lleno, siempre se puede ir en contra para tener puestos preferenciales en la nueva ola. El onanismo mental, al igual que el físico, se puede practicar todos los días y rara vez llegará a enturbiar la orina.

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Y luego viene el 1%, porque hay cosas que salen del todo de nuestro control: dónde nacemos, la maldad del mundo y algunas personas, el factor psicópata y el capitalismo… sobre todo el último. En la vida sí hay una cantidad de peligros a los que estaremos expuestos de la cuna a la tumba, aunque para ellos ni la ignorancia ni la inocencia son excusa suficiente a la hora de convertirse en víctima o victimario.

Un estado como el colombiano no se dañó hace cinco minutos, sus problemas más grandes tienen más de 100 años, suponiendo que alguna vez haya tenido posibilidad alguna en la geopolítica occidental. De modo que continuar remando contracorriente es un acto que tiene más de masoquista que de heroico (también encontrará una horda de zombies en Twitter que apoyen salir de Colombia o echarle la culpa de todas las desgracias a haber nacido en esta latitud).

La gente mentalmente dañada existe, de modo que siempre habrá que andarse con cuidado. Saber correr ante las señales de enfermedad mental peligrosa para su salud. No es normal que su pareja le amenace de muerte, tampoco que llore de la nada y lo eche de la casa… Un amigo mío, no el de la sangre en la orina, se despertó para encontrar a su pareja de pie junto a la cama, viéndolo dormir. ¿Qué haces? Me preguntaba si sería difícil asfixiarte con una almohada, fue la respuesta que consiguió. Terminaron… dos meses después, claro, porque a la mayoría le gusta jugar con fuego y luego quejarse por todas partes de sus desgracias.

Pero donde huele a podrido, posiblemente el capitalismo tenga una inversión grande. El sistema está dañado, sin duda, el sistema crea esas dinámicas de salud mental apoyada y justificada en tecnologías de la información, pero nadie está obligado a entrar en ellas, no de forma directa. 

Epílogo

En tiempos de pandemia, incluso, la emprendieron contra los gobernantes y la policía, que no está mal, cobran mucho por hacer poco y generalmente cuando hacen es para su beneficio individual. Luego persiguieron a los médicos y al personal de salud, les acusaron de ser los culpables del virus, de eso y de robarse el líquido de las rodillas de los pacientes para venderlo. Finalmente se fueron en contra de los enfermos, porque sí, porque todo es culpa de los demás, no es mi culpa desatender todas las recomendaciones o ir a comprar un televisor en un día de descuentos, siempre son las otras y los otros.

Coronavirus, sexo, drogas, alcohol, victimización y violencia, el 1% de las veces es inevitable e ineludible, pero el 99% es uno el que acepta el trato. A finales del siglo XX el capitalismo le apostó a la individualización, a la originalidad, al líder de, al influenciador de, al héroe de acción con cinco minutos de fama en el mainstream; mentes humanas que al individualizarse se vuelven bienes de consumo, como la comida procesada, las relaciones enlatadas, el cuerpo de las personas cosificadas… y en eso vamos.

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