El espía que surgió del frío

(Ed. DeBolsillo/ Random House Mondadori)

Las novelas de espionaje son vistas con malos ojos por tantas personas eruditas en esto de las letras, pero a mí me importan muy poco esas gentes.


Esta novela es quizás la más famosa de John Le Carré, la que tiene una película con Richard Burton, la que de seguro le pagó un piso o un auto, o ambas cosas.

La propuse en mi curso de Adaptación literaria en la Universidad Autónoma de Bucaramanga y la leímos y desglosamos. No es la típica novela de secuencias de acción interminables ni de un tema de vida o muerte que cambiará el curso de la guerra como en las novelas de Frederick Forsyth (que por supuesto está también en mi biblioteca). No, es una novela sobre el espía, sobre el drama interno del personaje, sobre su humanidad puesta a prueba en el juego del engaño.

Derrumbando la figura fantasiosa propuesta por Ian Fleming en James Bond, en “El espía que surgió del frío”, LeCarré nos muestra a un Alec Leamas que pone en riesgo su salud para apropiarse del papel que debe adoptar: tiene miedo, siente dolor, se enamora y por supuesto pone en riesgo su vida para cumplir con su misión. Los personajes a su alrededor hacen lo propio, todos parte del mismo ballet que pasa a ser pura escenografía.

La guerra fría, Berlín dividida, las ametralladoras, las sirenas y los reflectores que buscan fugitivos. Nada de eso es tan importante, porque detrás de cada cañón hay una persona, con todo lo que ello implica, un espíritu puesto a prueba por las adversidades exteriores, un espíritu incompleto como cualquiera de nosotros.

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