Made in Colombia

Si usted nació en Colombia y es de esas personas que cree en “patrioterismos” absurdos, le advierto que nada de lo que voy a decir a continuación le va a hacer gracia. ¡Retírese! Internet tiene una oferta de contenidos tibios o insulsos que no lo van a incomodar en absoluto.

Ahora bien, si ha decidido quedarse, voy a hablarle de una de las mejores novelas colombianas (si no la mejor) y del mejor escritor (si no el único) que ha parido esta tierra que fue colonia española y luego patio trasero de Estados Unidos de América. Bueno, que puedo estar exagerando… o quizás no, pero si puede ser que todo hasta aquí no haya sido más que una hipérbole diseñada para provocarle a usted y a quien sea. Vamos a ver:

El escritor

José Félix Fuenmayor nació a finales del siglo XIX en Barranquilla. Es el escritor por excelencia, tomó parte activa de una guerra (la de los mil días 1899-1902) a la edad de 13 años, algo que ni Hemmingway hubiera podido soñar. Barranquilla de finales del siglo XIX y de principios del XX estaba a la vanguardia del mundo, algo que la ciudad actual a principios del XXI no puede ni soñar (una clase política corrupta le robó incluso eso a la capital del Atlántico).

La ciudad en la que creció el escritor era una hervidero de ciencia, tecnología de todo tipo, un verdadero puerto por donde entraban las ideas de Europa y el resto de América. Para 1909, Fuenmayor publica sus poemas en tres periódicos de la ciudad (porque además de los autos voladores steampunk y el ferrocarril, los vaporetos que navegan el Magdalena hasta el centro del país, los hidroplanos que llevan el correo, había periódicos y revistas, librerías y libreros en Barranquilla).

Después de la guerra, Fuenmayor se fue a estudiar, porque había mucho por estudiar, para volver y trabajar como periodista en ese nuevo mundo lleno de posibilidades porque, claramente, así se presentaba el principio del siglo XX en el Caribe. Además del periodismo, Fuenmayor ocupó cargos administrativos, fue contralor departamental y diputado.

Luego, para 1926, agoniza y finalmente muere en 1927.

Los escritores de esta talla, únicos y hermosos, nacen y mueren mil veces. Fuenmayor muere para que puedan nacer Álvaro Cepeda Samudio (1926) y Gabriel García Márquez (1927), la novela urbana y la ciencia ficción en Colombia. De la placenta de ese parto gemelar nos quedaron dos novelas: “Una aventura de catorce sabios” y “Cosme”. 

Su otra muerte, la del cuerpo, se daría en 1966, a los 81 años, unos meses antes de que se publicara en Argentina “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez (mayo del 67), ¿Coincidencia? No lo creo. Fuenmayor es la piedra angular de la literatura del mítico Grupo de Barranquilla, la frase de Álvaro Cepeda Samudio «todos somos Fuenmayor», ratifica mi tesis del principio.

La novela

En 1927, dicen, la editorial Cromos de Bogotá publica la novela “Cosme” que tiene poca acogida en un público falto de sentido del humor, poco urbano y ultraconservador, que esperaba (si en serio esperaba por un libro nuevo) obras del corte de “La Vorágine” (José Eustasio Rivera, 1924, también publicada por Cromos), que aunque es una buena novela (si la elogió Horacio Quiroga, no me atrevería a decir algo en contra por pura cobardía y miedo a que me persiga el fantasma del uruguayo armado con un machete) está muy lejos de ser la novela de avanzada que propone Fuenmayor.

Cosme logra (en menos de 190 páginas) contarnos la historia de la humanidad, la historia del mundo, la historia de Colombia y la historia de esa Barranquilla steampunk que, sin nombrarla, es el set donde cada uno de sus personajes interpreta su papel. Desde los momentos previos a la concepción de Cosme hasta su muerte, los altos y los bajos, sobre todo los bajos, la novela nos muestra la vida humana como un un sinsentido bastante trágico, pero nos lo cuenta, a diferencia de los existencialistas franceses que dominarían luego el siglo XX, en clave de “mamadera de gallo”, todos los capítulos empiezan con risas y terminan en llanto o viceversa… como un lunes o jueves cualquiera.

No hay personaje malo o que nos sea indiferente. Como novela, Cosme es heredera directa del Quijote de Cervantes y es la base, junto con varias de William Faulkner de un gran porcentaje de la obra de Gabriel García Márquez, al punto de que se me hace una injusticia terrible que al día de hoy no se lea en Colombia a Fuenmayor, por lo menos no tanto como se debería.

En un país caracterizado por la incoherencia, desde la base social hasta toda la burocracia que conforma el estado, Cosme representa a los colombianos y colombianas buenos e ingenuos, que tienen todas las herramientas para ser buenos ciudadanos en una ciudad del primer mundo, pero que son carne de cañón en una ciudad del tercero. Cosme es el colombiano que nunca rompe una norma y que va a sufrir los abusos de una justicia corrupta, un comercio sin ética, una religión mal entendida, una idea cínica del amor y una idea tóxica de la familia…

Cosme es el que hace la fila esperando llegar, pero que nunca llega porque todos se están metiendo a la fuerza más adelante. Cosme el bachiller entiende el latín y pregona sobre los derechos humanos en un país donde te matan por defender el agua o el derecho a la vida. Le han enseñado que todo se resuelve dialogando en un sitio donde la policía dispara antes de preguntar o los militares abusan de niñas indefensas. Dijo un amigo mío «todos somos Cosme», hablando de quienes, al igual que él, creen en la democracia en un lugar donde se roban las elecciones y los votos se venden y compran a precios risibles.

Cosme está encerrado durante la pandemia, durmiendo mal porque le preocupa no poder reinventarse, porque le echaron del trabajo o tuvo que cerrar su negocio porque el estado le abandonó y el dinero para ayudarle a él y a todos los Cosmes se lo gasta la presidencia en sus alocuciones televisivas completamente inútiles. La tragedia de Cosme reside en lo siguiente: en un sitio donde todos rompen la ley, el día que Cosme piense en hacer lo mismo le van a ver, condenar y moler a palos… El día que asome la cabeza para romper el confinamiento, un enfermo de Covid-19 va a toserle en la cara sin protección alguna.  

Lea Cosme, luego desmienta todo lo que acabo de decir, manifieste su desacuerdo si es el caso, pero tenga claro que habrá leído una novela magnífica y única, escrita en Colombia hace casi 100 años… y sigue vigente.

Adenda

La edición que sale en la foto de este post tuvo que hacerse uniendo el esfuerzo de cuatro universidades (Andes, EAFIT, Universidad del Norte y Universidad Nacional de Colombia) y Panamericana Editorial. Así se ve la deuda que Colombia tiene con la obra y la figura de José Félix Fuenmayor.

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