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  • diciembre 13, 2019

Los exilios

No existe un manual de instrucciones para la vida porque no puede atrapársele en una cuadrícula. La vida cambia, no somos los mismos de hace un año, tres, los que fuimos al principio de los tiempos.

Se hace lo que se puede con lo mucho o poco que se tiene, se hace lo que se puede con los aprendizajes que se recogen por el camino. Ensayo y error, nadie dijo que sería fácil o indoloro.

El universo funciona siguiendo las condiciones que le dieron origen. Los seres humanos jugamos el juego que nos propone el tiempo e invertimos una gran cantidad de energía intentando ser dioses. Todo arte es una lucha por impedir el paso del tiempo y escapar de la muerte. (No necesariamente del ego).

Y aunque parezca una broma casi infantil, mientras eso ocurre nuestras preocupaciones mundanas se reducen a cómo llegar a fin de mes; trabajar toda la semana con la esperanza de que en dos días (o uno) se solucionen los otros cinco que para muchos solo traen sufrimiento; ir al bar, al teatro, caminar en busca de nada por el centro comercial; perder minutos y horas espiando la vida de otros en redes sociales; comparar precios en el supermercado; atorados en el tráfico aspirando monóxido de carbono.

Cuando todo parece perdido, cuando la vida parece salida de cauce, en ocasiones solo nos quedan los exilios. El exilio no es igual que la huída porque los exiliados no querían irse, los fugitivos sí.

Acallar el ruido, intentar encontrarse en el silencio, tratar de pulsar el botón de ‘stop’ del mundo y bajarse. Pero el mundo sigue (no existe el botón de ‘pause’ en la realidad)… y los exiliados lo saben como saben también que inútil es permanecer iguales, estáticos, en una vida que cambia todo el tiempo.

El exiliado sueña con volver y cuando trabaja en su esencia generalmente consigue hacerlo; volver a la vida, a un país y a su gente, volver a ser. La vida no trae un manual de instrucciones (tampoco los países), su construcción es lo único que podría diferenciar a los seres humanos de otros seres vivos (desde la filosofía, no tanto desde la biología), una construcción que debe ser colectiva porque los seres humanos somos gregarios. Incluso, el regreso de los exiliados solo es posible porque siempre hay unas cuantas personas hermosas que les esperan.

Adenda: basta plantarse unos minutos en la puerta de arribo de un aeropuerto para entender de qué estoy hablando.

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