El mandatario

Capítulo 1: Crocs ®

Camino a cumplirse el tercer año de gobierno de Iván Duque Márquez, presidente de Colombia de 2018-2022, es bueno hacer un ejercicio de memoria, para que no se olvide cómo llegamos hasta el día de hoy, en el que la realidad colombiana además de distópica y trágica, tiene un baño de ridículo impensable.

Antes de que fuera presidente, Iván Duque Márquez estuvo en un “debate” en el que participaron los políticos que aspiraban a ser candidatos presidenciales por el partido Centro Democrático. Hasta ese momento nadie le conocía, porque el partido era un invento salido de la cabeza de Álvaro Uribe Vélez en el que reunía a sus socios, exsocios, hijos de sus socios y vecinos de finca.

Desde el principio, el partido de Uribe estuvo plagado de gente anónima fuera de los clubes sociales de Bogotá, la costa Caribe, el suroccidente del país, o los palcos reservados en los conciertos de vallenato o rancheras. En ese momento, Hassan Nassar, quien luego se volvería el Jefe de Comunicaciones de Presidencia, era quizás la persona más conocida del set, por su trabajo en medios de comunicación.

En una transmisión por internet, pues el evento lo organizaba una de esas emisoras que se volvieron lucrativas para el sector privado e importantísimas para dirigir la opinión pública, el país vio un debate de gente supuestamente adulta, con todos los pergaminos y con trayectoria en la empresa privada y en la burocracia, pero (insisto) completos desconocidos para el pueblo colombiano.

Detrás de los atriles estuvieron: Iván Duque Márquez, senador electo en lista cerrada; Carlos Holmes Trujillo, exconsul, exembajador, asambleísta de la constituyente, excandidato presidencial, escritor (según la Wikipedia) y fallecido por Covid-19 en el momento de escribir estas líneas; y Rafael Nieto, exviceministro de Interior y de Justicia de Uribe I, expresidente de ECO ORO (la empresa que cambia de nombre cada tanto para acabar con el páramo de Santurbán, empresas con presidentes colombianos, pero dueños canadienses o árabes… según como fluctúe el mercado).

Los precandidatos fueron organizados como los destornilladores en una caja de herramientas, del más elegante al más casual, del más bajito al más alto, del más gordito al más delgado. Carlos Holmes de traje con corbata, chaqueta abotonada; Iván, más fresco, el joven chévere, de traje pero sin corbata; Rafael, de jean oscuro, camisa y chaqueta casual para el frío, como quien después del evento debe pasar por el centro comercial a comprar los regalos de navidad. A excepción de la imagen de Carlos Holmes, daba la impresión de que no estuviera en juego la aspiración presidencial de un país, para dirigir el destino, el futuro y velar por el presente de una sociedad con más de 35 millones de seres humanos.

Aquello parecía un espacio lúdico en un colegio, un evento de “semana padagógica”, de bazar anual, un concurso de popularidad, un momento de esparcimiento en el que está bien hacer el ridículo para que quede en lo anecdótico y pueda ser recordado al año siguiente.

Después de hablar de ideas y proyectos para Colombia, de posibles planes de gobierno que no son más que una sarta de mentiras que los políticos estructuran en documentos y discursos cuando están en campaña, vino algo que el periodista denominó “Quiz uribista”, una serie de preguntas sobre Álvaro Uribe Vélez, el doblemente expresidente, doblemente exsenador y (a la fecha) sólo una vez exprivado de la libertad, uno de los personajes más polémicos de Colombia en los últimos 30 años (después de Pablo Escobar), investigado por paramilitarismo, por corrupción y por obstrucción a la justicia, amado por millones y odiado por la otra mitad de esos millones.

“¿Cuántos crocs tiene el presidente Uribe?”, preguntó el periodista. “Yo no sé, lo importante es que los tiene y los usa”, contestó Carlos Holmes. Rafael, por su parte, dijo que eso eran chismes y no tenían mucha importancia y su cara era la de alguien que no entiende muy bien qué hace ahí y se pregunta además si habrá mucha gente tratando de salir del parqueadero del Centro comercial Andino a esa hora…

Finalmente, Iván contó una anécdota de cuando era asistente de Álvaro Uribe en la universidad de Georgetown (dejando en claro que su lambonería y cobro de viáticos venía de tiempo atrás) y tuvo que acompañarlo a comprar Crocs. En ese momento, al parecer, Colombia supo que tenía en Iván Duque a un estadista, un político “tan bueno y humilde” que sabía cuántos pares de Crocs poseía el caudillo, “Cuatro”, dijo, y agregó cuánto calza su patrón: “Por ahí 40”. 

Había nacido Iván Duque Márquez, la pieza de batalla del partido Centro Democrático, el hombre que participaría en las elecciones del año 2018, capaz de dirigir el futuro económico, político y social de una nación con esa información tan valiosa en su cabeza pintada de plateado: “Cuatro pares y debe calzar por ahí 40”.

Ilustración: estuvo a cargo de Victoria Sánchez. Mi agradecimiento inmenso para ella.

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