Después del receso

La gracia de aprender a trabajar está en aprender a descansar. Siempre se necesita un espacio, un alto en el camino, un “break”. Las pausas son importantes para pensar, tomar decisiones o, simplemente, para recostar la cabeza en la almohada y dedicarse a la enorme tarea de soñar.

No te puedes bañar dos veces en el mismo río, eso está claro desde Heráclito. Y, sin embargo, a veces uno no puede dejar de sorprenderse con los cambios, grandes o pequeños. En una de mis novelas favoritas, el protagonista escapa de sus captores y regresa una tarde a su barrio a ver desde lejos cómo está su mamá, es una escena bastante triste. Cuando regresa a donde sus secuestradores (así de buena es la historia), descubre que todo el universo que nos había venido narrando hasta ahora ha cambiado de forma drástica: hay un muerto, un crimen pasional; recibe la noticia de que va a ser papá; y una decisión que debe tomar: volverse chino a pesar de ser tan porteño. Un cambio total para su historia y todo por haberse desviado de la misma unas pocas horas.

El mundo

Chile votó para tumbar la Constitución política que les dejó el dictador Augusto Pinochet. Un logro para la democracia latinoamericana, sin duda, aunque bueno, sin querer ser de esos pesimistas, en 1991 Colombia escribió una Constitución progresista que buscaba introducir al país en el siglo XXI y 29 años después podemos decir que con todo y esa hermosa Constitución, Colombia es un Estado fallido, un oxímoron en sí misma: “una dictadura democrática”.

Descubrieron agua en la Luna, o eso informaron El País y otros diarios prestigiosos. Dijo un amigo que de seguro se trataba de una botella de agua olvidada por Neil; dijo otro amigo que la botella se le olvidó a Stanley. La humanidad se resume en el vuelo de esa moneda, por un lado Kubrick, por el otro Armstrong. El caso, parece ser, es que hay agua en la Luna para los planes a largo plazo de la misma horda de salvajes que se empeña en acabar con el agua en los páramos aquí en la Tierra.

El Covid-19 sigue entre nosotros, pero parece que hubo un consenso (de unos pocos) para hacerse los pendejos al respecto. ¿Qué más da si todos los días muere gente? ¡Vayan todos a trabajar y luego a comprar cosas inútiles: un juego de máscaras de diseñador para verse bien mientras cumplen con las órdenes del gobierno, unas zapatillas para salir a correr, un juego de maletas para cuando puedan volver a viajar, disfraces para Halloween, televisores para ver una repetición de las telenovelas de hace 20 años!

Volvió el ciclismo mundial: empaquetaron el Tour de Francia, El giro de Italia y La vuelta a España en dos meses. La mente es tan extraña que ver a los deportistas arriesgando el pellejo (más que de costumbre) produce una aparente calma. Subir montañas, pedalear con fuerza, sentir el viento en la piel, en los ojos, respirar el aire frío de los Alpes y los Pirineos, volver a la carretera “en full HD”.

El país

Nada nuevo bajo el Sol. ¿Qué va a cambiar? ¡Por dios santísimo, señor! En la silla presidencial hay un tipo que vale su peso en estupidez. Aparece en los medios todos los días contando una novela sobre cómo su gobierno ha combatido la pandemia y arrojando cifras a diestra y siniestra (25%, 83,2%, 13,9%, 40%… Lo único 100% seguro es que el gobierno miente de la forma más cínica y con todo el descaro y la tranquilidad con la que mienten los dueños del poder); el país de la TV es ficción, como casi todo lo que pasan por TV.

En la calle, un grupete de policías asesinó a un tipo desarmado y todo quedó registrado en tres videos diferentes. Al día siguiente la ciudad de Bogotá salió a protestar y la policía respondió con balas. Civiles muertos y heridos, policías heridos, incendiados los “Centros de atención inmediata” de la policía; ciudadanos rompiendo y quemando cosas, policías rompiendo y quemando cosas. A los muertos sólo los recordarán sus madres, porque ya no son tendencia en redes sociales.

¿Se robaron más cosas? Ciertamente. Y eso que el Congreso está parcialmente “cerrado por pandemia”. Se robaron lo de siempre, la educación, la salud, las pensiones y el futuro de todos los que salieron a quemar y romper cosas, a darse en la cara, a romperse los huesos… Mientras los pobres (con o sin uniforme) se matan en la calle, los dueños de los bancos y los políticos engordan más que el mismo presidente. Les ven matarse y se ríen, cuando están en privado, claro; salen de sus casas a jugar a la simpatía delante de las cámaras. Opinión pública: la mano que escribe en WhatsApp no es la misma que escribe en Twitter.

La ciudad

Volvieron las motos en contravía, el tráfico, la gente encima de otra gente tratando de comprar un helado en el centro comercial. Volvieron el Sol y la gente que dice “la calor”, la algarabía, los fumadores, los verdaderos suicidas sentados en una tienda tomando cerveza, los suicidas “snob” que pagan cuatro veces por la misma cerveza en un “bar”. Los buses llenos, los andenes llenos, los supermercados llenos de gente que no sabe nada del agua en la Luna o de la constituyente chilena, pero está convencida de que “El comunismo quiere acabar con el país”.

En serio… ¿Cuál comunismo? Si no hay industria ni capitalismo. A duras penas hay feudalismo y oscurantismo, machismo y arribismo, algo así como pizzas de uno y dos dólares. 

Frente a mi casa y frente a las casas de otras personas construyeron ciclo-rutas por las que pasan cómodas las zorras cargadas de piña o aguacate, las motos a toda velocidad o el tipo en la bicicleta con cajón delantero en el que va una olla llena de una bebida ininteligible que se llama “Peto”. Ya saben cómo es: atropellamientos para unas, Covid-19 para otros y Escherichia coli para todes. Está la ciclo-ruta que para este efecto es como la Constitución del 91, a unos pocos les parece muy bonita, útil y necesaria, pero a la gran mayoría le parece que no se necesita y quieren destruirla, atravesarle el carro, etc. Al final unos pocos valientes le dan uso y la mayoría corren el riesgo de terminar muertos.

La conclusión

No hay conclusión. ¿Qué conclusión va a haber? Por favor, si esto a duras penas es un texto expositivo de poca monta, casi un ejercicio de escritura… Pero bueno, si vamos a decir algo, ya para irnos despidiendo, que sea lo de siempre: el planeta sigue girando, todo sigue avanzando así uno se vaya de vacaciones o haga pausas en lo que sea. 

Después de dos meses uno simplemente es dos meses más viejo, con todo lo que eso implica. Es que no lo dije yo, lo dijo La Pestilencia: “Futuro nunca habrá, futuro nunca ha habido”. Así que lo único que puedo ofrecer son estas letras, que no son las mejores (de ninguna manera), pero que me hacen gracia y en ellas gasto mi tiempo (las letras, como los hijos o lo coches, son gastos, no inversiones, dejemos de romantizar cualquiera de las tres), ¡pero cómo me divierto! Además  las letras son un gasto de bajo costo si las comparamos con los hijos o los coches.

En fin, a partir de la semana entrante empezará una nueva temporada en el horario de siempre, a la misma hora y por el mismo canal. Recuerden mis palabras, que no son mías, seguro que no, tan importante como trabajar es saber cuándo parar. Es bueno darse un tiempo, de todo, de todos, de uno mismo.

Ilustración: colaboración de Victoria Sánchez. Como de costumbre, le estoy agradecido.

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