After dark

Los lectores de Murakami no consideran que sea uno de sus libros por recomendar. Ahora bien, para aquellos que quieran dedicarse a escribir esta novela corta tiene mucho por enseñar sobre el oficio.

Haruki Murakami es conocido por 5 cosas que siempre salen a relucir cuando su nombre aparece sobre la mesa: le gustan los gatos, es un melómano adicto al jazz, corre maratones, ha estado nominado al Nobel de Literatura siempre en los últimos 15 años, y escribió la novela Tokio blues. Ni siquiera ese último dato resulta tan importante si queremos hablar del oficio de la escritura.

After dark me hizo querer a Murakami después de que Tokio blues me hiciera creer que estaba sobrevalorado (espere la explicaciones antes de arrojarme a las brasas, amigo fanático de Murakami). After dark es una novela muy corta, misteriosa, confusa, que incluso hace pensar que pudo llegar a manos del editor para cumplir con una obligación contractual más que el deseo sincero de verla publicada, algo que resultaría posible en la economía actual y en la forma como funcionan el mundo de los libros o de la fama; pero no, eso obedece también a la maestría del autor.

Los relatos se componen de distintos factores que a los teóricos les gusta clasificar en cuadrículas: personajes, tono, atmósfera, ritmo, etc. Y después de esta clasificación poder emitir juicios de valor sobre la obra literaria. De tal modo, supondría uno que “la mejor novela del mundo” deberá estar bien calificada en cada uno de esos factores individualmente para que compongan un todo poderoso digno de ser leído. Sin embargo, no todos los peatones se acercan al Quijote, Moby Dick, Ulíses, Cien años de soledad o Madame Bovary, a excepción de los teóricos, que deberán hacerlo por obligación. Sin duda, los teóricos casi siempre tienen razón en sus clasificaciones sobre el bien y el mal… pero el arte es subjetivo y “la mejor novela del mundo” (como pasa con los vinos) es la que a usted más le guste.

La calidad de la escritura es lo maravilloso de esta novela, “las sensaciones” que Murakami fabrica para el lector. Es una novela de atmósfera y de tono, principalmente, todo el tiempo es de noche, todo el tiempo estamos desvelados siguiendo a sus personajes. Takahashi, que toca el trombón; Mari, que lleva puesta una gorra de los Red Sox. Se encuentran en una cafetería del centro por causa del azar: ella lee y él va a ensayar con su banda. Es la segunda vez que se ven en la vida, la primera fue hace años cuando Takahashi tuvo una cita con Eri, la hermana de Mari. Eri, por su parte, la “bonita” de las dos hermanas, ahora es modelo profesional, adicta a los medicamentos, las dietas y los horóscopos.

Mientras Takahashi y Mari hablan sobre sus vidas y sobre lo peligrosa que puede ser la ciudad a esa hora, Eri está acostada en su habitación durmiendo un sueño tan perfecto como los rasgos de su cara. Como lectores sabemos que vamos a pasar derecho con ellos, toda la noche, quizás tengamos que tomar una taza de café negro, fumar un par de cigarrillos, pero tendremos que estar despiertos para sobrevivir a una ciudad llena de animales nocturnos. De todo este paisaje, Murakami solo nos va a dar suaves trazos, va a sugerir para que entremos en ese pacto, sus metáforas serán sencillas y hermosas como el televisor que a pesar de estar desenchufado se enciende después de la medianoche para atormentar a Eri.

Al final, After dark resulta una novela de crecimiento, de adolescentes que empiezan a dejar de serlo porque se les atravesó la vida con ese dedo que revienta burbujas. El relato comienza con dos extraños y una ensalada de pollo en una cafetería y termina con la promesa de escribir cartas “exageradamente largas” pronunciada en una estación de tren. Termina el último compás del jazz que estuvo sonando todo el tiempo y esos animales nocturnos que seguimos desde la medianoche se guardan en sus madrigueras con la llegada del alba.

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