A vuelta de hoja

Después de meses de confinamiento volví a dar con el libro Sobre la vida adulta. Esta vez me encontraba redactando mi testamento (por lo que sea) y vi el libro en el cajón del escritorio, olvidado junto a unos lápices de dibujo, una carta recibida hace años, un guante para jugar billar y un llavero envejecido, pero nuevo.

Abrí una página al azar y esto fue lo que encontré:

«Sin embargo, puede suceder que cuando todo marche bien, te asalte un mogollón de dudas. Que sientas que de nada sirve la indumentaria, el corte de pelo, el coche, la PlayStation, el piso en la zona guay de la ciudad… a eso le llamaremos “Efecto adverso de la consciencia”.

A ver, debo ser claro contigo, sucede que la vida humana en sí misma es absurda e insignificante, sin embargo, construimos un discurso convincente que nos permite continuar un día después de otro hasta que no haya más vida para vivir. Pero todo es un sinsentido que…»

Y me pareció que el libro se tornaba denso, o más que denso diría que oscuro, o más que oscuro diría que poco optimista y que para esa gracia en lugar de leer me ponía a ver un noticiero en la televisión. Entonces cambié de página a ver si la cosa mejoraba y esto fue lo que encontré:

«(…) 
4. La broma. El truco subyace en las expresiones faciales, debes mantener una mirada firme y la cara tensa para permanecer en una actitud de seriedad. Sólo de esta forma tendrá sentido decir “Venga, que es una broma”. Inmediatamente relajas las facciones y sonríes.

5. Hacer el tonto. Los ojos están fijos en lontananza, te sorprendes como si el universo se acabara de materializar delante tuyo en un instante y sueltas algo del tipo “No… no sabía… ¿Cómo dices?”, sin perder tu cara de asombro.

6. Saludar. Es un arma de doble filo que debe usarse con cuidado. Si exageras te pasas al otro lado, si nunca lo haces sospecharán de ti o atraerás demasiada atención, quizás hasta despiertes pasiones en las mentes más retorcidas. Un apretón de manos está bien, un “Buenos días, buenas tardes, buenas noches” al entrar a un sitio, pero nunca un solo movimiento de cabeza ni mucho menos enseñar la palma de la mano como un nazi perezoso.

(…)»

El fragmento anterior formaba parte del primer capítulo “Instrucciones para parecer humano”, en total vienen 25 numerales, quizás los más interesantes sean los del 17 al 20 que tienen que ver con bodas y funerales (hay un hincapié grandísimo en que lo más importante de ambos eventos es tener muy claro el rol que se ha de jugar en cualquiera de ellos, “tener claro, antes de asistir a la ceremonia, que en ninguno de los casos eres el novio o el muerto”).

Después de distraerme un rato con el librillo, que no deja de hacerme gracia, continué con la tarea de redactar mi testamento, de hecho, “actualizarlo” sería la forma adecuada de llamar a esa labor. Soy consciente de que la idea de hacer un testamento puede parecer macabra o excesivamente dramática, a mí me parece tan sencilla como cualquier otra, incluso “coherente” en los tiempos que corren… Por lo menos debo dejar a alguien la tarea de quemar todo (y algo de dinero para los taxis y la gasolina, ni más faltaba).

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